La estanflación es un concepto económico que implica la aceleración de la inflación coexistiendo con tasas de desempleo elevadas. Desde el punto de vista económico es sin duda uno de los peores escenarios económicos posibles. De momento, no existe una solución consensuada de cómo salir de este escenario y las decisiones políticas y sociales no suelen ser fáciles.
Tras una pandemia desconocida en el mundo moderno, ningún gobierno tiene claro las medidas a tomar, más si cabe con los vaivenes del comercio mundial, empezando por el brexit y continuando con la crisis de materias de China. En un corto periodo de tiempo se ha pasado de tener a la globalización como mantra de las economías emergentes al proteccionismo como método de salvaguardar los intereses económicos nacionales.
En España, tras la debacle mundial del comercio y de la economía con una pérdida en 2020 del 10,8 % del PIB, el 2021 se presentaba complicado. Cierto es, que desde un arranque tan nefasto la economía solamente podía crecer. Tras un primer trimestre negativo, el segundo trimestre ha recuperado una gran parte de lo perdido. Desde este punto de vista parece que poco a poco vamos a la nueva normalidad.
Pero no todo es bueno, acaba de despertar el enemigo número uno de los países, la temida inflación. Sin duda la crisis del gas natural ha influido en el precio de un mercado nada claro y con muchas lagunas. Los gobiernos unos detrás de otro, no han querido afrontar el problema de la escasez de generación de energía y la subida del precio de la electricidad es poco menos de escandaloso. Poco ha tardado en repercutirse al IPC.
En los próximos meses habrá que analizar las medias del gobierno, el mercado eléctrico y su traslado a los precios de la cesta de la compra. El salario mínimo ayudará a sostener el alza pero también subirán los costes laborales. España se la juega a todo o nada. Inflación, deflación o estanflación...sólo el tiempo nos lo aclarará
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